Bajo una manta

Cuando era muy pequeña, me encontré un órgano de iglesia en la casa de mi abuela paterna María. Mi padre arregla cosas, y un hombre se lo llevó algún día. Estuvo años bajo una manta polvorienta. Luego lo llevaron a mi cochera, cuando nos mudamos de casa, y continuó debajo de la manta. Lo volví a encontrar, lo encendía y tocaba en secreto, descubrí papeles, que más tarde aprendí que era partituras. El himno de la alegría. Le dije a mi madre y padre que quería aprender. Tuve muchos teclados, era afortunada, pero yo quería otros sonidos, un verdadero piano. Mi padre me llevó a conocer a Fasia. Con seis más o menos entré a la banda, en mi pueblo no había conservatorio, así que mi encuentro fue con los vientos. Me dieron a elegir entre lo que había. Para acceder a un instrumento tenía que pasar un tiempo con lenguaje musical. Antes de eso, un día, cuando nadie me veía, escalé una estantería en el cuarto de mi madre y mi tía, al lado de la cámara, en el cortijo y encontré una flauta dulce antigua que se convirtió en mi amiga con la que caminaba por el campo. Nada me lo ofrecían, estaba ahí, todo lo iba encontrando, es un patrón que se repite en mi vida, encuentro cosas olvidadas. En la banda probé primero la flauta travesera, luego el clarinete, pero elegí de compañero al saxofón, me enamoré de el, por su sonido y porque era dorado. Ahora elegiría la tuba. Me acompañó diez años de mi vida, hasta los diecinueve. Ya no vivía con la familia y si no tocaría en la banda, me pedían devolverlo, la verdad es que sólo me interesaba pasar un tiempo los sábados con el profesor y tocarlo siempre que volvía. Así que tuve que hacerlo. Mi profesor tenía mucha paciencia, y nunca se enfadó conmigo por no practicar las partituras, se notaba, el siempre me decía que sacaba un sonido precioso, el más precioso de todos los saxos, a mi me daba igual, aunque también alegría. Un día de tantas horas tocando vomité mi vida. A los 12 comencé a escribir mis primeras canciones, necesitaba un intrumento que me acompañara, el cura me enseñó unos cuantos acordes, suficientes para componer mis canciones. El saxo era otra cosa. Mi pulmones se hicieron grandes. La música que a mi más me gustaba era el gospel y todo lo que sonase muy hondo, a océano y a altas montañas antiguas. Cuando terminé el bachiller de artes, comencé a estudiar magisterio de música, era la segunda opción, la primera era bellas artes. Luego me alegré, porque no quería ser pintora. Pero siempre quise ser maestra, o ayudar a desarrollar la curiosidad y el mundo expresivo e interior de las personas. Fui la delegada y representante estudiantil, mi departamente en educación era, didáctica de la expresión musical, plástica y corporal. Lo pasé fatal, con profesorxs, técnicas, rigideces y éxamenes, que más que crecer, me bloqueaban. Fuera de las clases escribía, dibujaba y filosofeaba con mis compañeros, eso fue lo mejor que pasó. Pedí ayuda a una compañera, me dio clases en su piano de cola, no podía permitirme muchas, vivía sola y como lo que más me gustaba era jugar, me enseñó a improvisar samba. Me acuerdo mucho de ella, lo pasamos genial juntas. Cuando tengo un piano, o cualquier instrumento, siempre lo toco. Me acerco, lo escucho y me dejo llevar por los colores en mis oídos. Mi técnica es la amistad, lo que siento y las ganas de explorar, siempre ganas. Sé lo básico, permitirme jugar, lo necesario para combinar y recombinar, y componer algo nuevo. Muchas veces, es lo mismo pero al revés. Mi trabajo de Diario de Cuerdas, fue así, un largo tiempo con una guitarra y grabaciones diarias, dejándome llevar, generando un resgistro de un tiempo de vida. Por todas las veces que tocaba con amigos y amigas, improvisaciones perdiéndose en el aire. Llega un momento, que vives la norma de tu día en la práctica, y todo el día, estás haciendo música, hasta ser música y ser tu tocada por los días. En verdad, sobre todo canto, sobre lo que sea. Un tiempo con los sonidos, es una relación de amor, con un ser, una pareja, una amiga o un amigo, o con la Tierra. Hablando sobre la vida, la cotidiana y la eterna.

https://anibassiavals.bandcamp.com/album/malvas-de-amanecer-en-montefr-o

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